Con el regusto del buen encierro de Cuadri y la buena actuación de los toreros del día anterior acudíamos ayer algunos al coso de La Misericordia. Distinto público y distinto aroma torero el que embriagó "el número de los caballitos", como denominan - así es la incultura, ¡qué le vamos a hacer! - al arte del rejoneo algunos plumillas arrogantes que ayer debieron quedarse sin tinta en sus codiciosos tinteros.
Esos mismos que olvidan con demasiada facilidad sus obligaciones informativas en pro del lucimiento personal y la excelente prosa, estética, muy estética, pero vacía en ocasiones de conocimiento y contenidos.
Distinto público y distinto cartel, criticados ambos habitualmente en demasía por el "escaso valor taurino de sus conocimientos", pero único público, le pese a quien le pese, capaz de llenar en tiempos de crisis las plazas, y que se ha convertido en tabla de salvación para muchas Ferias.
Todos estos "ignorantes del número del caballito" se reunían ayer en Zaragoza para ver a dos de las figuras del momento en lo que a toreo a caballo se refiere, Diego Ventura y Leonardo Hernández, que doctoraban en suelo español al joven Francisco Palha.
Terna que a su vez se presentaba con el único objetivo de ofrecer, a todos esos "ignorantes", su "mala concepción del toreo". Y lo consiguieron, vaya si lo demostraron a pesar de pasear escasos trofeos.
Diego Ventura, paró, templó y mandó en los medios al segundo de la tarde a lomos de Maletilla. Alborotó con Revuelo en varias tandas de toreo a dos pistas, ajustando los vuelos de su grupa, y cambió para rematar la faena, los circulares invertidos tan de moda en el toreo a pie esta temporada, por un carrusel de cortas montando a Califa.
Con su segundo, el cuarto de la tarde, hubo de aliviarse en varias ocasiones para proteger a sus monturas. Fandanguero salió cantando por bulerías y mucho hubieron de emplearse, caballos y caballero, para encontar los terrenos que le hicieran colaborador. Estructuró Ventura una faena con buenas tandas rematadas a veces con vistosas revoleras, pero sin ligazón, dada la intermitencia en la embestida de la velocidad del animal.
Mimoso saltó al ruedo tercero para peinar, a base de cornalones, las verónicas de recibo con que le saludó la cola de Espartaco, el caballo de salida de Leonardo. El extremeño se ayudó de Olé para bregar por ambos pitones, ajustando mucho los embroques y acortando las distancias de las suertes en el toreo a dos pistas.
Verdi entonó su sinfonía templando al quinto de costado a base de eternos muletazos que finalmente lo cosieron al estribo, quebrando después para desengañrlo en menos de un palmo. Torero y descarado batió Quieto con dos derechazos de escándalo que permitieron a Leonardo dejar dos buenos palos antes de rematar con un carrusel de cortas aderezado al violín.
La novedad de la tarde fue Francisco Palha, un joven portugués que tomaba la alternativa en España. Lidió al que abría plaza templado de capa con Brik abrack, paseando su grupa capotera por todo el anillo. Con Trocadillo dibujó una faena prolífica en muletazos profundos, hondos, de esos que van del pecho a la grupa pasando ajustado el pitón por el estribo.
Brindó a Ventura y Leonardo el sexto. El toro de la jota retrasó su salida escasos minutos a petición del portugués, quien se dio cuenta de que un espectador abandonaba, asistido por los servicios sanitarios y en camilla, los tendidos.
Castigó a Taranto con dos medias ejecutadas con los pechos de Roncalito y dejó tandas intermitentes de derechazos con empaque montando a Cantú. El animal, empeñado en encontrar una salida, no quiso dar ligazón a la faena del rejoneador que hubo de echar mano de paciencia y técnica para solventar, aseado y pulcro, la situación.
Ninguno de los tres anduvo acertado con los aceros, excepto Ventura en el cuarto, los toreros a caballo, aunque sea de natural exigencia que los rejoneadores maten bien, suelen seguir fielmente la tradición asentada en este tercio desde hace años. Y es que, si además de torear como torean firmaran grandes estocadas, serían toreros de a pie y no a caballo y responderían, por citar un buen ejemplo, al nombre de Manzanares.
Ficha del festejo.
Plaza de toros de La Misericordia, Zaragoza. Undécimo festejo de la Feria del Pilar. Más de tres tercios largos en los tendidos. Toros de Los Espartales, manejables y colaboradores en general excepto cuarto, quinto y sexto que ofrecieron algunas complicaciones.
Diego Ventura, ovación con saludos desde el tercio y oreja
Leonardo Hernández, ovación con saludos desde el tercio y oreja
Francisco Palha, ovación con saludos desde el tercio y ovación con saludos desde el tercio (actuó en 1º y 6º lugar)