Es costumbre ancestral la de comerciar con el toreo y, por ende, con el torero. Un empresario puede vender a las figuras de la Tauromaquia a una televisión para los tres próximos años sin hablar con la figura en cuestión. Hala. Vendido por siempre, para mil países. Vendido por tierra, mar y aire.
Usted mismo puede hacerlo. Si se llama Chopera o Choperita, si usted lleva por apellido Casas o Canorea, está capacitado para vender a cualquier figura a las televisiones para tres o cuatro años, según le venga en gana. Ni siquiera tiene que mediar palabra con el torero; los vende en un contrato y listo. Luego, ya se las arreglará usted para apañar la situación cuando llegue la hora de fechar corrida. Pero, mientras tanto, usted ya vende y se asegura una pasta para los próximos añitos. ¿Se imaginan ustedes que se televisase al Real Madrid o al Barcelona sin contar con el club? Inviable.
Pues así ha venido ocurriendo hasta ahora. Como ejemplo de ello, la más perjudicada ahora, la plaza de Valencia y su Feria de Fallas. Simón Casas hizo dos contratos de este tipo en su día: uno con la Diputación valenciana, en el que aseguraba que televisaría las tres próximas ferias falleras con el fin de darle gran difusión e imagen y de ingresar una leña; el otro contrato lo selló con Canal Plus y refleja que estarán las principales figuras del momento. Toma castaña, una venta por contrato sin siquiera mediar palabra con la figura que tendrá que ponerse delante del toro. Comercian con el toreo como si el toreo fuese cualquier cosa, como si el toreo fuese el partido de solteros contra casados y a todos les hiciese ilusión salir por la tele.
Este es uno de los principales puntos que ha levantado en armas a las figuras del toreo, a los toreros en general, que están indignados con esta forma de comerciar con su hacer sin siquiera contar con ellos. Tal vez hayan tardado en darse cuenta, sí, pero están en su derecho de controlar su imagen televisiva.
Luego está el otro punto, del que casi nadie habla. Y es el del trato que reciben las figuras del toreo durante esas retransmisiones. Es habitual que toreros nuevos sean alabados durante la emisión de la corrida, que canten todas las virtudes a los cuatro vientos. Es habitual también que a las figuras (recuerden, vendidas de antemano y sin preguntarles) se les de un trato de examen exhaustivo hasta el punto de ser tratados como poseedores de mil defectos y alguna que otra virtud.
Esto también les pasa a los ganaderos: los que buscan el toro que se emplee por abajo suelen ser reflejados como personajes vendidos a los caprichos de las figuras. Y a los otros criadores, los que echan el toro geniudo y correoso, se proyectan desde la tele como héroes del antisistema corrompido. Todo el mundo sabe que es más difícil hacer el toro que se emplea por abajo que el otro toro, que solo tiene la virtud de parecer fuerte por su falta de desgaste a la hora a coger los engaños. Es decir, se cuenta el mundo al revés de como es, durante las dos horas de la corrida.
Es como si en el fútbol televisado siempre dijesen que Messi es un jugador regulera y que el bueno de verdad es el media punta de Osasuna. Es como si el orador de la tele del balompié pidiera que las estrellas del Camp Nou jugaran con aquellos balones hechos con el estómago de un cordero, para darle más emoción, y no con el tecnológico de Nike. A las figuras las tratan así en la tele y luego los empresarios quieren (o eso dicen, matiz importante) que lleven gente a las plazas pasando por taquilla.
Estas cosas ocurren hoy en el toreo. Unos comercian con las figuras sin contar con ellas, independientemente del dinero que ande por medio. El otro comerciante de la imagen de los toreros, además, se permite el lujo de contar la verdad usando medias mentiras. Y, ahora que los toreros han dicho basta y quieren poner freno a estas circunstancias, parte de la opinión pública y del entramado comerciante del toreo tacha de usureros a los toreros, cuando ni siquiera saben qué es lo que buscan modificar del juego de la tele. Mediten, al menos en espera de ver qué quieren los toreros.
Javier Hernández es director de Burladero.com
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