O hipócritas, que es lo mismo. De ellos estamos rodeados. Lo peor es que ocupan lugares de poder, en los medios de comunicación, en las empresas, en la política y, claro, sus decisiones influyen directamente sobre nosotros, atentan contra nosotros y ese valor añadido a su mezquindad hace la vida aún más difícil de sobrellevar, en un momento en el que resulta complicado hasta desear buenos días por la mañana.
Y de ese fariseísmo especialmente malévolo acaba de dar ejemplo la Xunta de Galicia, que últimamente está que lo tira.
Resulta que el gobierno autonómico gallego, con el Partido Popular al mando, presenta un anteproyecto (con visos de resultar aprobado por mayoría) de Ley de Caza por el cual se rebaja de 18 a 14 años la edad para formar parte en las cacerías, aunque sólo en calidad de acompañantes. Sin pegar tiros, vaya.
Lo bueno de todo ello es que lo justifica con el argumento de "preservar el relevo generacional".
Acabáramos. A los mismos que hace unos días prohibían el acceso de los menores a las plazas de toros en Galicia pues, según ellos, la contemplación de la lidia puede suponer un quebranto en su educación psíquica y moral, les parece fenomenal que un adolescente pueda ver como su papá abate un jabalí previamente acorralado para luego asistir con regocijo a la exposición de las piezas cobradas por los participantes en la cacería.
Sin entrar en valoraciones cinegéticas, entre otras cosas pues es un mundo que desconozco, urbanita como soy, y tampoco en consideraciones morales ya que sería caer en lo mismo que reprocho a los antitaurinos de oficio y beneficio, no me negarán que el asunto tiene guasa .
Y es que, fariseísmos al margen, no son tontos. Como tampoco lo son los de Bildu en su sistemática campaña con sordina en Guipuzkoa donde tanto mandan y con el objetivo primero y último de acabar con los toros en Donostia , de momento con recursos económicos contra los Chopera o con trabas administrativas en otros municipios, una actitud muy similar a aquello de las trampas saduceas o manipulaciones capciosas. De la fortaleza del taurinismo vasco dependerá que no se salgan con la suya.
Pasada ya la hoja del calendario que nos adentra en un 2012 cuya travesía se aparece repleta de turbulencias que en lo taurino empiezan con las negociaciones de derechos televisivos como incierta novedad, en Catalunya la prohibición es un hecho.
Sin querer insistir en historias repetitivas, valga subrayar que el socavamiento del hecho taurino en esta comunidad empezó , precisamente, con la prohibición del acceso de los menores a las plazas, justo con la intención no explícita pero meridianamente clara (y conseguida) de acabar con el relevo generacional, exactamente lo contrario de la ley de caza gallega.
Y es que todo se reduce a algo tan grande como una cuestión de libertad. Y eso, a los fariseos y los saduceos, tan bíblicamente enfrentados pero tan similares en sus comportamientos y fines es algo que les repele pues de su negación (la de libertad, digo) hacen credo y provecho.