Solo una voz discordante, la del presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia y de la Mesa del Toro, Carlos Núñez. Solo una entre los cientos de profesionales que tienen sus garbanzos en la Tauromaquia y que no han hecho públicas sus quejas ante el atropello de derechos que se ha cometido en Galicia. Solo una voz discordante.
Cuando la campaña de firmas para apoyar la que se ha dado en llamar ILP taurina no hace más que solicitar apoyos para el mundo del toro, los profesionales que viven de él no parecen recordar que así comenzó el expolio cometido en Cataluña. Cuando la sensibilidad ante las prohibiciones parece unir a la familia taurina, solo una voz discordante, solo una, parece percatarse de la realidad que acecha convertida en peligro de muerte. No ha habido ruido y sí nueces grandes como puños que golpean la salud de esta industria. Y los profesionales se han abandonado al disfrute navideño y familiar, indolentes, como siempre, ante la nueva amenaza.
Solo una voz discordante, solo una, parece comprender el peligro que supone que la Legislación pretenda educar sustituyendo el papel de los padres. Y que así, yendo a los toros de la mano del abuelo, del tío o del familiar de turno han comenzado casi todas las aficiones de los que hoy sustentan (sustentamos) esta forma de vida bailando con la muerte. No existe un organismo organizado y dispuesto que defienda este tipo de tropelías políticas envueltas con lacito moralizante. No existe organización interna para enseñar los dientes y protestar ante el límite cada vez mayor de derechos y libertades que sufre este país. Solo una voz, solo una, es capaz de gritar en público basta ya.
Y en medio de la borrasca, el apoyo unánime del PP gallego a la medida propuesta por el BNG. Una vez alcanzada la mayoría absoluta, con la defensa de la Tauromaquia como hecho cultural en el programa electoral, los populares vuelven ancas a conveniencia para decir digo donde dijeron Diego. "Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos", dijo no hace tanto a una figura del toreo. A los hechos hay que remitirse.
Porque solo una voz, una solo, ha denunciado la agresión al mundo del toro por parte de aquéllos que utilizaron su defensa para lograr los votos que les otorgaron su escaño. Solo una voz discordante entre todas las que no ven peligrar el pan de sus hijos con la prohibición de que vayan a un festejo en Galicia si no tienen doce años.
Una sola voz se ha dado cuenta de que pintan bastos para los espadas, de que en la Tauromaquia se ha descubierto el filón de la discordia para pactos y acuerdos de carácter nacionalista a los que los gobiernos ceden porque les importa entre poco y nada aquello que aseguraban defender. Y, con ello, los cientos de miles de personas, tal vez millones, que depositaron su confianza en las urnas en los que garantizaron su defensa. ¿No deben sentirse traicionados apenas un mes después de que el gato fuera al agua?
Solo una voz, la de Carlos Núñez, ha salido en defensa de los derechos y libertades de todos los españoles, aficionados o no. Una sola voz. ¿Dónde están todas las demás?