Cuando a la entrada en vigor de la prohibición catalana apenas le queda una semana, en Galicia dan el primer paso para ser los siguientes en la malévola espiral neoinquisitorial, prohibiendo la entrada a los menores de doce años a las corridas de toros.
Nada sorprendente, por cierto, pues ya hace tiempo se viene avisando de que el mensaje de Anselmi y sus muchachos no se paraba en Catalunya - sí, con y, como A Coruña se escribe sin L y nadie rechista- aunque a muchos les siga sonando a cuento chino.
Para estos y los desmemoriados habría que recordar que cuando, mediados los años ochenta del anterior siglo, el gobierno nacionalista de Jordi Pujol prohibió que los menores de catorce años pudieran acceder a los festejos taurinos (junto a otras medidas como la desaparición de las plazas portátiles) estaba preparando el terreno a lo que después vendría. Y lo que vino fue, siempre contando con los medios de comunicación afines -casi todos- como cómplices necesarios , una cascada de hechos que alimentaron la idea de una Catalunya punta de lanza en todo eso del ecologismo, los derechos animales y demás cultura hippyhappyflower.
Así, Tossa de Mar, población de la Costa Brava que contaba con coso taurino que vivió sus mejores tiempos cuando el boom del primer turismo superada la autarquía (Mario Cabré, torero y actor, hizo allí su mejor faena con Ava Gardner en el rodaje de Pandora y el holandés errante), se convirtió, por decisión de su alcalde convergente -que a los pocos años tuvo que dimitir por delitos contra el medio ambiente- en el primer municipio en declararse "contrario a las corridas de toros", en un ejemplo que siguieron innumerables consistorios de Catalunya, como la mismísima Barcelona en sonrojante y bananera votación en 2004, auspiciada por el inefable y perpetuo concejal de ERC, Jordi Portabella, a la sazón gerente del Zoo donde agonizaba a la vista de los niños el gorila Copito de Nieve.
Quizás sus señorías gallegas, capaces de ver tal cúmulo de perversiones en una corrida de toros que les lleva,- siempre legislando por nuestro bien, carallo- a evitar su contemplación a los ojos de los niños-as tan acostumbrados-as a las ingenuas series televisivas y juegos de la Play, lo que pretenden es que a las futuras generaciones de gallegos no les pase como al nuevo presidente Rajoy asiduo, quien sabe si desde su tierna infancia, a las corridas de la feria de Pontevedra y que debe soportar, según argumentan en su exposición de motivos, "un impacto emocional negativo". El mismo "impacto emocional negativo" que quien esto firma (y perdonen a la autocita) arrastra desde que, en 1957 y en brazos de sus padres, acudió por primera vez a la Monumental de Barcelona y que, a día de hoy, no sólo no he superado sino que me niego a superar pues es (junto a las querencias de todo ser humano que se precie) parte esencial de mi forma de ser y estar en la vida.
Tiempos duros, tiempos de mercaderes de toda ralea, que nos remiten a lo escrito por el gran poeta gallego Celso Emilio Ferreiro: "E pois que cada tempo ten seu tempo/íste é o tempo de chorar" . Traducido: "Ya que cada tiempo tiene su tiempo/este es el tiempo de llorar". Pero del llanto, como el de Lorca por su hermano Ignacio, debe surgir la rebeldía que nos haga decir no a quienes se empecinan en tocarnos la gaita. Sólo falta que seamos capaces, pero...