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OPINIÓN
EDITORIAL

¿Qué hay de malo?

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22/12/2011 20:38
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Los toreros, quizá por primera vez en la historia, están unidos. ¿Qué hay de malo en que los toreros quieran unirse para velar por todo lo que ocurre más allá del ruedo? ¿Qué hay de malo en que hayan levantado la cabeza de los trastos para comprender que no es esta realidad de hoy el futuro quieren legar a otros que ojalá sueñen con retar al toro dentro de cincuenta años?

Los toreros, las figuras del toreo, ponen su imagen en manos expertas por primera vez en la historia. Ha quedado demostrado que la figura del apoderado tradicional no ha sido capaz de manejar su imagen ni de proyectar la grandeza de un hombre que se juega la vida. Por eso, ¿qué hay de malo en que los toreros actuales busquen una empresa especializada, la mejor que hayan sido capaces de encontrar, para comenzar a hacer las cosas bien?

Hasta la fecha, todas las grandes evoluciones y revoluciones que han existido en el mundo del toro han llegado de la mano de los toreros. No hay más que echar la vista atrás para recordar que es con Juan Belmonte y Joselito el Gallo con quien cambia el sentido de la lida, del movimiento a la quietud. De las piernas, a los brazos. Que es con ellos cuando se comienza a seleccionar un toro con mayor duración, que permita la faena de muleta, hasta entonces un mero trámite para meter la espada. Que también son los toreros los que implantan el peto, otra de las grandes evoluciones de la Tauromaquia. A partir de entonces se pierde la carnicería equina, se puede templar al toro y se logra sentir y expresar con poso y reposo.

Belmonte y Sánchez Mejías tuviero la inquietud de palpar lo que sucedía fuera del ruedo

Aquellos revolucionarios insurrectos, Juan Belmonte e Ignacio Sánchez Mejías, hoy venerados y reverenciados, tuvieron también la inquietud de palpar lo que sucedía fuera del ruedo. Tuvieron la necesidad, como artistas, de compartir sus inquietudes con intelectuales y creadores en otras disciplinas. ¿Qué hubo de malo entonces, y qué hay de malo ahora?

No creen que ese Ignacio Sánchez Mejías, que pilotó un avión; que grabó una película; que recibía mil cartas y a todas contestaba compartiendo sus opiniones; que se erigió en creador de tendencias entre los intelectuales de la época; que vio cómo los escritores de toda una generación hacían suyos los pensamientos que le habían escuchado a él en las tertulias de la bohemia, sería hoy el primero en apuntarse a Twitter, el primero en abanderar el paso a Cultura del toreo, el primero en defender la posición del torero como artista y, por lo tanto, como intelectual de una época. ¿No creen que Ignacio Sánchez Mejías sería el capitán del demonizado G10?

Otro de los revolucionarios de la Fiesta, Manolete, nos dejó la grandeza y el mito de la trágica muerte de un dios en Linares. Pero, ¿cuál sería su legado de no haber dejado la vida en los pitones de Islero? Posiblemente, muchas tardes para la gloria y una tristeza infinita al sentirse mangoneado por los adláteres que bien describen muchas de sus biografías.

Grandes genios como Livinio Stuyck que se saca de la chistera la Feria de San Isidro

A partir de ahí  nace, como tal, la figura del empresario y comenzamos a conocerlo. Grandes genios como Livinio Stuyck, que se saca de la chistera, y de su pensamiento y trabajo, la feria de San Isidro, la gran creación empresarial por antonomasia. Otro de los grandes, el viejo Balañá, era capaz de enloquecer Barcelona con toreros como Chamaco, que toreaban jueves y domingo reventando la plaza. En buena hora iban a venir a decirle al viejo Balañá que le prohibían los toros en su plaza. Máxime, conviviendo con gente de la talla de un tal JT, Juli, Morante, Manzanares...

Y llegamos a la revolución de El Cordobés, en los años 60, que tiene que mimetizarse con la España de la época, para despegar y revalorizar a los que se vestían de luces. Ya en 1982, uno que fue torero y terminó como periodista, Juan Posada, daba un gran titular: "A los empresarios no les interesa que salgan auténticas figuras". Y abundaba: "Yo sólo pido cuatro toreros, cuatro solo, que pongan esto en su sitio. El empresario es el enemigo natural del torero". Hoy no hay cuatro. Hay más, dispuestos a hacerle caso.

Con todos estos argumentos, ¿qué hay de malo en que la unión actual de los matadores y sus inquietudes trate de mejorar el futuro de sus hijos, que quién sabe si querrán ser toreros?¿Qué necesidad tendrían El Juli, o Ponce, o JT, de intentar cambiar el toreo, si están multirricos y con quince años de alternativa? ¿Qué hay de malo en que estos toreros millonarios trabajen y roben tiempo de sus familias para tratar de aportar una evolución en la repercusión mediática de su imagen? Parece lógico que esa evolución, que esa responsabilidad, se confíe a manos expertas. ¿No va eso acorde con los tiempos?

 ¿Qué hay de malo en que ellos también estén dispuestos a trabajar? Si se unen los banderilleros, los ganaderos, los empresarios, ¿qué hay de malo en que se unan los toreros? Dejemosles trabajar. Aunque puedan equivocarse.

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