Urgen las firmas para la ILP y esta es una cuestión de todos. Cuanto más tiempo tarden en llegar las firmas, más gastos, menos recursos y mayor debilidad del sector. La ILP no es una cuestión catalana, aunque nazca en la tierra de Serafín Marín y Antonio Barrera. Hoy son ellos, los aficionados catalanes; mañana serán los gallegos, luego los vascos y quién sabe si hasta los andaluces.
Los maestros José Tomás, Juli y Manzanares han lanzado ya su préstamo para sufragar unos gastos que son claros y diáfanos. Casi 200 euros diarios en envíos y mensajerías, 15.000 euros en acciones en la plaza de Barcelona y otro dineral en imprenta. También hay ganaderos que han aportado desde un anonimato que ahora se rompe aquí, como Borja Domecq, con 2.000 euros de su bolsillo. Pero hay muchos pudientes que se escaquean de poder salvar el futuro de su propio negocio.
Hay que dejar bien claro y decirlo bien alto, que las donaciones de Juli, JT, Manzanares, Borja Domecq y la Mesa del Toro no son un donativo a fondo perdido. Son un préstamo a interés cero. Porque, si las 500.000 firmas se consiguen y ahora ya estamos cerca, el Congreso devolverá todo el dinero gastado y justificado en facturas, hasta un máximo de 300.000 euros. Si se consiguen las firmas, aquí nadie perderá nada, pues todos recibirán su aportación íntegra, tal y como está registrado en el recibo de las donaciones.
Ahora mismo, para completar las 500.000 firmas, faltan unas 80.000 rúbricas: Son necesarias más, porque no se puede llegar al Congreso con las justas, ya que habrá apoyos inválidos y otros duplicados, que también son declarados como nulos.
Desde la directiva de la ILP se transmite optimismo, aun con reservas. La moratoria para la entrega de firmas fue acogida con tanta alegría como pereza, pues muchos aficionados y fedatarios encargados de la recogida de pliegos han tomado la ampliación del plazo como un colchón de relax.
Es todo lo contrario, porque cuanto más tarden las firmas más gastos ocasionan y más se demora el tiempo de actuación. Si mañana estuvieran las 600.000 firmas en el Congreso, mañana mismo se comenzaría a dar guerra porque los toros vuelvan a Cataluña.
La puesta en marcha de la firma digital, que también ha ocasionado costes, tampoco está funcionando como se esperaba, según la propia directiva de la ILP. El goteo de firmas ayuda, qué duda cabe, pero apenas si rondan las 25 al día.
Desde este Editorial, Burladero hace un llamamiento a todos los aficionados a los toros y a todos amigos de la libertades, porque esta ILP no pretende recoger firmas en apoyo a los toros, sino en contra de las prohibiciones. Hoy es nuestra afición la que está en peligro, mañana puede ser la de otros, la de los pescadores o la de los cazadores. Hoy está peligro de prohibición la profesión de criador de toros y lidiador de éstos; mañana puede ser la profesión del ganadero de ocas para fabricar paté.
Ya queda menos. Si no tienes los posibles de JT, de Juli, de Manzanares o de Borja Domecq, pon tu grano de arena con un pliego de firmas en favor de las libertades. La vida del toro te lo agradecerá.